

Durante años, el crecimiento digital se impulsó a partir de la optimización continua: más inversión, más canales, más automatización.
Sin embargo, 2026 marca un punto de inflexión. El desafío ya no está en optimizar lo existente, sino en repensar cómo se descubre, cómo se decide y cómo se mide la compra en un ecosistema cada vez más mediado por IA, vídeo conectado y una mayor presión por demostrar impacto real.
En este nuevo contexto, las marcas no enfrentarán principalmente un problema de presupuesto. Enfrentarán un reto más profundo: seguir tomando decisiones con marcos que ya no reflejan cómo las personas buscan, evalúan y compran hoy.
Las siguientes tendencias reflejan cómo están cambiando los puntos de contacto a lo largo del proceso de compra y por qué los modelos tradicionales de descubrimiento y medición comienzan a quedarse cortos.
La decisión de compra ya no comienza en un sitio web. Hoy, una parte relevante del proceso ocurre antes de cualquier visita: en motores generativos, marketplaces y asistentes de IA que interpretan, comparan y recomiendan productos sin mostrar listas tradicionales ni resultados ordenados por clic.
Los datos lo confirman:
El digital shelf dejó de ser visual y se volvió algorítmico. Ya no basta con buenos precios o creativos atractivos: la oferta debe ser comprensible para la IA. Quien no estructura, no alimenta señales o no conecta su data, simplemente no entra en la conversación.
La Optimización para Motores Generativos (GEO) no es una evolución del SEO. Es una nueva capa donde las marcas no compiten por posición, sino por existir dentro de la respuesta.
Aquí aparece un riesgo silencioso: cuando un usuario recibe una recomendación vía IA, la probabilidad de realizar una segunda búsqueda cae de forma significativa. Esto significa que una marca puede perder consideración y relevancia sin ver caídas evidentes en tráfico, impresiones u orgánico.
Desaparecer en entornos generativos no genera alertas inmediatas. Simplemente, la marca deja de ser considerada. Y cuando el problema se detecta, muchas veces la decisión ya ocurrió.
El consumo de video ya es mayoritariamente digital. La TV conectada (CTV) supera a la TV lineal en tiempo de consumo y concentra inventario premium con capacidades que antes no existían: addressability, data transaccional y señales de intención.
Sin embargo, en muchos planes de medios, CTV sigue tratándose como un simple traslado de presupuesto desde la TV tradicional. El reto no es solo estar presentes, sino entender qué impacto incremental genera CTV dentro del mix, cómo contribuye al negocio y cómo debe recalibrarse frente a otros canales.
En 2026, CTV deja de ser un canal “difuso” o experimental. Se consolida como un canal de performance, que exige medición rigurosa, conexión con data propia y marcos claros de experimentación para demostrar su valor real en resultados de negocio.
La presión por demostrar resultados reales es cada vez mayor. En este contexto, el Marketing Mix Modeling evoluciona de ser un análisis retrospectivo a convertirse en un sistema de apoyo a la toma de decisiones, con foco en causalidad y optimización incremental.
Cuando el modelado no incorpora enfoques causales, su alcance se ve limitado: puede describir lo que ocurrió, pero no siempre ofrece la claridad necesaria para orientar decisiones futuras. Por eso, el rol del MMM está cambiando: ya no se trata solo de entender el pasado, sino de conectar el análisis con la acción.
Hoy, el valor del MMM está en su capacidad para ayudar a priorizar inversiones, ajustar el mix de medios y aprender de forma continua.
El Mundial 2026 será el evento deportivo más grande —y más digital— de la historia.
Más largo, más fragmentado y con consumo distribuido entre streaming, mobile, creadores, social y búsqueda.
En este contexto, la oportunidad no está en “estar presentes”. Está en entender el Mundial como un proceso, no como un pico. Las marcas que capitalicen este momento serán las que planifiquen por momentos, audiencias y objetivos, y que midan impacto real antes, durante y después del torneo.
El verdadero diferencial no será la visibilidad, sino la capacidad de convertir atención en impacto incremental.
Frente a este escenario, las marcas deberían priorizar cinco líneas de acción:
En este 2026 el marketing dejará de operar desde la lógica de canales aislados para moverse hacia sistemas integrados de decisión, medición y aprendizaje. La fragmentación de audiencias, la mediación algorítmica y la automatización de la recomendación están redefiniendo no solo los puntos de contacto, sino la forma misma en que se construye la demanda.
En este nuevo escenario, la ventaja no vendrá de adoptar tecnología más rápido, sino de construir estructuras más inteligentes: mejores datos, mejores modelos, mejores preguntas y mejores marcos de decisión.
Las marcas que logren adaptarse no serán necesariamente las más visibles, sino las más relevantes dentro de sistemas cada vez más automatizados, predictivos y mediados por IA.
Porque en 2026, competir ya no será solo una cuestión de presencia, sino de comprensión estratégica del entorno digital.